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Esta finca está ubicada al pie de dos pequeñas colinas. El acceso a la vivienda trascurre por una zona natural de bancales con antiguas plantaciones de olivos y encinas, y junto al camino tenemos olivos centenarios que nos conducen hasta la entrada principal.

Las zonas de linde con los terrenos adyacentes, quedan difuminadas mediante la plantación de árboles y arbustos en un marco irregular, evitando la sensación de un seto divisorio, y cumpliendo además la función de ocultar las visuales. En el entorno de la vivienda, se sitúan los frutales tradicionales que le devuelven el carácter agrícola de la finca, y en el Suroeste se colocan árboles de hoja caduca, que proporcionen sombra en verano a la fachada de los dormitorios.

Se ha buscado la sencillez de líneas y la inclusión de una gama limitada de colores, que proporcionen paz y relajación (blancos, azules, rosas pálidos, etc.)

Se han utilizado diversas plantas autóctonas en los bancales que rodean la vivienda y también al pie de los mismos, para conectar ambas zonas, y dar un aspecto más naturalizado, así como algunas plantas trepadoras que ayuden a la ocultación de los muros restaurados.

En la pradera de Lippia, unas Moreras y Tilos proporcionan sombra para algunas tumbonas.

Tenemos una pequeña zona de plantas aromáticas y de condimento en la “Clastra”, junto a la cocina, y en el centro un Almez (Lledoner) proporcionará sombra en verano y dejará pasar los rayos de sol en invierno, como es tradicional en las “Possessions” mallorquinas.

Hay extensas zonas sin ningún tipo de tratamiento, excepto su nivelación, aireación y acolchamiento del terreno, que permita el desarrollo de la vegetación natural espontánea.