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El diseño general se estructura en torno a las espectaculares encinas y pinos ejemplares existentes, que aportan belleza y grandiosidad al jardín. La encina, Quercus ilex, resiste el calor y la sequedad del verano, y el frío intenso del invierno; los fuertes vientos no afectan a su atractivo y porte perenne, permaneciendo en el paisaje de manera inalterable, como majestuosas esculturas vivientes.

Senderos ondulantes recorren todo el jardín, adaptándose a los diferentes desniveles y leyendo la orografía original de la parcela, acompañando a un cauce fluvial que peregrina sinuosamente por toda la extensión de la finca.

Se han incorporado otros árboles puramente mediterráneos, y creado una gran zona de frutales. Gracias a la combinación de perennes y caducas, el jardín no pierde su atractivo en ningún momento y nos seduce durante todas las estaciones del año.